A menudo se piensa que la felicidad es un objetivo. A veces las personas se dicen a sí mismas "encontraré la felicidad", y se embarcan en un cuento de hadas esperando que, cuando aparezca aquello que tanto desean, vivirán felices para siempre... o casi.
Sin embargo, la felicidad es una actitud, un hábito. Es un modo de ser, de ver las cosas, de reaccionar ante las experiencias de la vida.
Quienes utilizan excusas para posponer su felicidad quizás se encuentren entre los quejosos y los culpógenos. Los primeros están insatisfechos con el mundo en general, los segundos, con alguien o algo en particular. En ambos casos, la actitud que toman interfiere con su calidad de vida y con su capacidad de construir el bienestar que merecen.
También están los culposos, que además de reconocer sus limitaciones y errores, se reprochan: "Como no cumplo con la dieta a la perfección, no puedo ser feliz”, suelen pensar. Encuentran demasiadas razones para perderse los placeres sencillos de la vida -como el levantarse cada mañana, estar vivo y con ganas de enfrentar los desafíos cotidianos-.

Es importante hacer un cambio de perspectiva. Mientras antes la psicología, la neurobiología y las ciencias sociales buscaban conocer el origen de los conflictos para resolverlos, ahora se centran en la psicología positiva, que sostiene que todas las personas tienen aptitudes para la felicidad, pero es preciso cambiar ciertos esquemas de pensamiento para alcanzarla.
Para la psicología positiva existen tres aspectos en la vida feliz:
1. La vida agradable: bienestar que invade al disfrutar de lo bello y placentero.
2. La buena vida: felicidad que nace de cada uno cuando disfruta haciendo algo en lo que es bueno o talentoso.
3. La vida con sentido: estado superior de la felicidad, por ser el más durable. Consiste en encontrar aquello en lo que verdaderamente uno cree y poner todas las fuerzas y la voluntad personal a su servicio.
Para gozar de estos aspectos de la felicidad, una de las claves está en "reprogramar" el pensamiento. Entrenarse mentalmente para ver el lado positivo de las cosas y buscar el placer hasta en lo más cotidiano puede ser un excelente comienzo para descubrir la felicidad simplemente en aquello que uno es, no en lo que uno tiene, en lo que vendrá o en lo que puede ser...
Vivir en el presente también es indispensable. Quienes se atreven a firmar la paz con el pasado y bajar la ansiedad ante lo que está por venir son los que mejor disfrutan de lo que viven a cada instante.
Y, como se trata de un hábito, la otra herramienta poderosa es la repetición, la perseverancia, la puesta en práctica permanente de pensamientos positivos, la actitud de mirar el medio vaso lleno (seguro que al principio le costará un poco, pero insista), el mensaje continuo a nuestra mente de parar con el lamento. Para lograrlo, la base sigue siendo aceptar que nos merecemos una vida buena y animarse a hacer de la felicidad, un hábito.
Dr. Alberto Cormillot
Extraído de: http://www.drcormillot.com/index.php?s=vivirmejor
Sin embargo, la felicidad es una actitud, un hábito. Es un modo de ser, de ver las cosas, de reaccionar ante las experiencias de la vida.
Quienes utilizan excusas para posponer su felicidad quizás se encuentren entre los quejosos y los culpógenos. Los primeros están insatisfechos con el mundo en general, los segundos, con alguien o algo en particular. En ambos casos, la actitud que toman interfiere con su calidad de vida y con su capacidad de construir el bienestar que merecen.
También están los culposos, que además de reconocer sus limitaciones y errores, se reprochan: "Como no cumplo con la dieta a la perfección, no puedo ser feliz”, suelen pensar. Encuentran demasiadas razones para perderse los placeres sencillos de la vida -como el levantarse cada mañana, estar vivo y con ganas de enfrentar los desafíos cotidianos-.

Es importante hacer un cambio de perspectiva. Mientras antes la psicología, la neurobiología y las ciencias sociales buscaban conocer el origen de los conflictos para resolverlos, ahora se centran en la psicología positiva, que sostiene que todas las personas tienen aptitudes para la felicidad, pero es preciso cambiar ciertos esquemas de pensamiento para alcanzarla.
Para la psicología positiva existen tres aspectos en la vida feliz:
1. La vida agradable: bienestar que invade al disfrutar de lo bello y placentero.
2. La buena vida: felicidad que nace de cada uno cuando disfruta haciendo algo en lo que es bueno o talentoso.
3. La vida con sentido: estado superior de la felicidad, por ser el más durable. Consiste en encontrar aquello en lo que verdaderamente uno cree y poner todas las fuerzas y la voluntad personal a su servicio.
Para gozar de estos aspectos de la felicidad, una de las claves está en "reprogramar" el pensamiento. Entrenarse mentalmente para ver el lado positivo de las cosas y buscar el placer hasta en lo más cotidiano puede ser un excelente comienzo para descubrir la felicidad simplemente en aquello que uno es, no en lo que uno tiene, en lo que vendrá o en lo que puede ser...
Vivir en el presente también es indispensable. Quienes se atreven a firmar la paz con el pasado y bajar la ansiedad ante lo que está por venir son los que mejor disfrutan de lo que viven a cada instante.
Y, como se trata de un hábito, la otra herramienta poderosa es la repetición, la perseverancia, la puesta en práctica permanente de pensamientos positivos, la actitud de mirar el medio vaso lleno (seguro que al principio le costará un poco, pero insista), el mensaje continuo a nuestra mente de parar con el lamento. Para lograrlo, la base sigue siendo aceptar que nos merecemos una vida buena y animarse a hacer de la felicidad, un hábito.
Dr. Alberto Cormillot
Extraído de: http://www.drcormillot.com/index.php?s=vivirmejor
Revista Vivir Mejor
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