
Ella trataba de verse a sí misma a través de su cuerpo. Por eso se miraba con frecuencia al espejo. Como le daba miedo que la sorprendiera su madre, sus miradas al espejo tenían el cariz de un vicio secreto.
No era la vanidad lo que la atraía hacia el espejo, sino el asombro al ver su propio yo. Se olvidaba de que estaba viendo el table de instrumentos de los mecanimos corporales. Le parecía ver su alma, que se le da a conocer en los rasgos de su cara. Olvidaba que la nariz no es más que la terminación de una manguera para llevar el aire a los pulmones. Veía en ella la fiel expresión de su carácter.
Se miraba durante mucho tiempo y a veces le molestaba ver en su cara los rasgos de su madre. Se miraba entonces con aún mayor ahínco y trataba, con su fuerza de voluntad, de hacer abstracción de la fisonomía de la madre, de restarla, de modo que en su cara quedase sólo lo que era ella misma. Cuando lo lograba, aquél era un momento de embriguez: el alma salía a la superficie del cuerpo como cuando los marinos salen de la bodega, ocupan toda la cubierta, agitan ls brazos hacia el cielo y cantan (M.Kundera).
No era la vanidad lo que la atraía hacia el espejo, sino el asombro al ver su propio yo. Se olvidaba de que estaba viendo el table de instrumentos de los mecanimos corporales. Le parecía ver su alma, que se le da a conocer en los rasgos de su cara. Olvidaba que la nariz no es más que la terminación de una manguera para llevar el aire a los pulmones. Veía en ella la fiel expresión de su carácter.
Se miraba durante mucho tiempo y a veces le molestaba ver en su cara los rasgos de su madre. Se miraba entonces con aún mayor ahínco y trataba, con su fuerza de voluntad, de hacer abstracción de la fisonomía de la madre, de restarla, de modo que en su cara quedase sólo lo que era ella misma. Cuando lo lograba, aquél era un momento de embriguez: el alma salía a la superficie del cuerpo como cuando los marinos salen de la bodega, ocupan toda la cubierta, agitan ls brazos hacia el cielo y cantan (M.Kundera).
¿QUIÉN MIRA LOS ESPEJOS?
Desconfía de la vista - los ojos mienten
Desconfía del espejo - los espejos mienten
¿A quién creerle?
El espejo es el lugar donde se proyecta, se organiza y desorganiza la imagen corporal; donde odios y amores quedan atrapados en la refracción.
¿Quién soy?
Soy el que veo en el espeo o el que siento adentro.
No me reconozco, me veo otro/a.
Me hace más alto/a o más bajo/a.
No me reconozco, me veo otro/a.
Me hace más alto/a o más bajo/a.
Es frecuente observar cómo los ojos son acusadores, castigan, reprimen. En otros circunstancias, la voluptouisidad de la mirada ruboriza el espejo.
Las propias cegueras se resaltan en los espejos. La mirada nunca es neutra; va cargada con sus pesares y alegrías y encuentra compañia, afecto, bronca en el otro del espejo.
El espejo suele dar imagen a un territorio sumergido. A veces, el espejo borra, consciente o inconscientemente, las imágenes que buscamos.
El espejo puede ser: un compinche, un hablador de pavadas, un embustero, un conocedor de miserías, un amigo realista, una voz motivadora...
¿Cómo es tu espejo? ¿Cómo te gustaría que sea?
Elina Matoso, El cuerpo Territorio Escénico, Letra Viva.
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